El tema central
de esta novela enfoca una historia de amor y aventuras. Como
las de Salgari, Luisa May Alcott o Julio Verne. Se trata de
un amor difícil y apasionado, en el marco de la revolución
de las Provincias Unidas del Río de la Plata por la
independencia de la Corona de España, a principios
del siglo XIX.
El amor es el gran tema, y por cierto, uno de los pocos importantes
de la historia de la humanidad. Es uno de los temas que estremece
e impulsa las pasiones, que es motor de la historia. Como
en una receta de cocina, la novela romántica exalta
la naturaleza, el amor, la ingenuidad, la pasión y
la melancolía. Pero además, Florencia Bonelli
le añade el ingrediente-vehículo fundamental
que es la historia; en este caso, la historia argentina fundacional.
El marco de los sucesos de El cuarto arcano, la quinta
novela de Bonelli, es la Buenos Aires de 1806, apenas previa
a la Primera Invasión Inglesa. Las colonias españolas
en América inician diferentes procesos revolucionarios
para independizarse de la Corona de España, y Buenos
Aires será una de las primeras en concretar el sueño
de la Independencia. Él, el personaje masculino, se
llama Roger Blackraven; se trata de un rico inglés,
dedicado a los negocios, con intereses especiales puestos
en Buenos Aires, donde es amo y señor de tierras y
personas. De carácter dominante, es temido por todos
los que lo rodean. Ella, la protagonista femenina, Melody
Maguire, es una joven criolla de padre irlandés, el
cual huyó de su tierra natal para evitar ser ajusticiado
por las autoridades inglesas. Cuando las vidas de Roger y
de Melody se cruzan, cambian para siempre. Y hay pasión,
amor, erotismo. Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Nicolás
Rodríguez Peña, William Carr Beresford y otros
personajes clave de nuestra historia pueblan esta atrapante
novela, junto a una multitud de esclavos, indios, ingleses,
franceses, españoles y criollos.
Exponente destacada de este nuevo subgénero de la literatura
que es la novela histórico-romántica, con miles
de adeptos –adeptas más bien– en el mundo,
Florencia Bonelli -36 años- es en persona así
de auténtica como lo es su escritura: sencilla, sin
vueltas, cristalina, fiel a su objetivo. Se diría que
es una mujer de aquéllas que se hubiera sentido a sus
anchas viviendo a fines del siglo XIX. Se la ve vital y leve,
vaporosa, amable, soñadora, muy femenina, quizá
como una se imagina que fueron las tres hermanas Brontë
o Emily Dickinson o la misma Virginia Woolf. Pero ella, Florencia
Bonelli, tiene tonada cordobesa.
Lo curioso es que ella y sus libros son un fenómeno
en sí mismo, a la manera de los cantantes o las figuras
del rock, sus novelas venden más de 7.000 ejemplares
por edición; sus lectoras, que han fundado un club
de fans de ella, le han dedicado un sitio de Internet y la
han hecho figurar en Wikipedia. Comienza su carrera de escritora
en 1999 con Bodas de odio, su primera novela. Autora
también de Marlene y Lo que dicen tus
ojos, fue su libro Indias Blancas el que significó
un salto en su carrera, novela por la que obtuvo un gran éxito
de ventas y ganó miles de lectores en distintos países.
Y ya para noviembre próximo sus lectoras, que se comunican
con ella por correo electrónico, esperan ansiosas el
lanzamiento de la segunda parte de este El cuarto arcano,
que llevará por subtítulo El puerto de las
tormentas.
Contame, ¿por qué escribís?
Escribo porque soy fanática lectora.
¿Qué leías, qué leés?
No vengo de familia de escritores, pero mi papá
me compraba los libros; le debo a él el hábito
maravilloso de leer. Yo soy lectora de ésas que no
pueden estar sin un libro; a donde voy, voy con un libro,
los tiempos muertos los cubro con libros. La pasión
formalmente me atacó a los 27 años luego de
leer un libro que se llama El árabe, en castellano,
The Sheik en inglés, de Edith Hull, una escritora
inglesa del siglo XIX. En ese libro se basaron en Hollywood
para hacer la película El Sheik, protagonizada
por Rodolfo Valentino. Este libro, que es de alrededor de
1920, me sacudió, me embriagó; el personaje
es fantástico.
¿Por qué pareciera que la novela romántica
es escrita sólo por y para mujeres?
Bueno, ese es uno de los importantes prejuicios con
los que debo batallar, el de género. No es tan así.
Lo que pasa es que cuando la mujer escribe, se nota; es diferente
de la escritura de los hombres. La mujer tiene otra sensibilidad,
le da más importancia al amor. Entonces, cuando nos
sentamos a escribir, nos sale naturalmente. Yo soy una mujer
común y corriente; soy contadora y ama de casa; no
soy ni me siento una intelectual. Escribo porque me fascina,
me encanta crear estas historias, porque me gustaría
leerlas. Naturalmente, la mujer tiene una tendencia hacia
el romanticismo.
Y tus protagonistas, ¿logran el amor?
Síí; en eso conmigo, siempre; hay garantía
de final feliz. Para mí las novelas con final triste
no pueden ser; que no me vengan con alta literatura, con que
la vida es amarga, etc.; para mí tiene que haber final
feliz. Porque yo soy sobre todas las cosas lectora. Por eso
cuando me preguntan qué hago, respondo: yo soy una
lectora que escribe. Entonces, como lectora, me apasiono con
los protagonistas; y cuando encuentro un final malo, yo tiraría
el libro por el aire, me da una tremenda bronca. Porque ya
la realidad es suficientemente dura como para que encima les
haga eso a mis lectoras; no podría hacerles eso, porque
sería una traición.
¿No te preocupa la crítica literaria?
No entiendo por qué existe esa materia tan
densa para algo que da tanto placer, que es la literatura.
Y además, los que hacen crítica literaria dan
como verdades universales las opiniones subjetivas. ¿Vamos
a entender de una vez para siempre que la literatura es una
cuestión de gusto? ¿Y vamos a dejar a la gente
en paz, que lea lo que la haga feliz? Para mí la lectura
es el mejor pasatiempo. Y como escritora, sólo me importan
mis lectoras. 
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