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CULTURA
Andrew Graham-Yooll y sus crónicas porteñas de la Guerra de Malvinas
Por Sandra Pien

Parafraseando a Jorge Luis Borges, en su poema Juan López y John Ward, a Andrew Graham-Yooll también le tocó en suerte una época extraña. Es que esa época extraña a la que se refería nuestro gran poeta fue el tiempo de la Guerra de Malvinas. La condición sin duda fue singular entonces para este hijo de escocés y madre inglesa, nacido en estas pampas. El hoy director del diario Buenos Aires Herald, que había entrado a trabajar en ese medio periodístico de habla inglesa en 1966, debió partir al exilio con su familia en 1976 y residió en Londres por dieciocho años. Allí fue director de las revistas South e Index of Censorship y se desempeñó en las redacciones de The Daily Telegraph y The Guardian. Fue este último diario el que lo envió como corresponsal inglés a Buenos Aires.

Por fin, a 25 años de la Guerra de Malvinas, aquellas crónicas se editan entre nosotros, en castellano, y se llaman Buenos Aires, 1982, de editorial Marea. Se trata de un libro inteligente y ácido, muy bien escrito por este acriollado periodista, escritor (tiene más de veinte libros editados en su haber tanto en inglés como en castellano) y poeta, en el que cuenta cómo fueron para él aquellos 74 días entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982 en la Argentina.

Y entre los reportajes de aquellos aciagos días, precisamente una perlita es el que mantuvo con Borges, a quien había entrevistado tres o cuatro veces antes, y puedo establecer interesantes analogías y fundamentalmente diferencias en sus declaraciones de antes y después de la guerra.

Aquel poema de Borges termina diciendo: El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender. Entre otras cosas, este libro aporta a eso, a tratar de entender. El encuentro cálido para este reportaje con el colega y amigo discurrió durante una fría tarde de este invierno en el viejo bar Ucrania,de Azopardo y Belgrano, hoy remozado bajo el nombre de El Clásico.

Sentí estas crónicas como muy frescas, las leí como si hubieran sido escritas en la actualidad. ¿Son las mismas?
Sí, hasta las traduje yo; fue un hecho raro y feliz, nunca había traducido un libro mío porque me aburre esa tarea. Pero al precipitarse la oportunidad de publicarlas para este aniversario redondo de Malvinas, y al comenzar a trabajarlas, al releerlas para traducir no me aburrí; al contrario, porque las tenía como relegadas en algún rincón de la memoria y se me refrescó todo. Fue revivir el Buenos Aires de esa época, mientras acá transcurría el aniversario número 25. Muchos de los nombrados allí ya están muertos. Reviví esos tres meses de mi vida, que para mí fueron muy importantes porque volvía, yo estaba contento de venir, y por ahí me hubiera quedado más, pero todavía no estaban dadas las circunstancias. Me alegró mucho poder publicarlas en castellano, verdaderamente estoy muy contento con ello.
Se trata de una selección breve de crónicas periodísticas escritas durante el conflicto. Como hombre del oficio tuve la suerte de ser “enviado” del diario que entonces me empleaba en Londres. The Guardian es un matutino de tradición liberal que en aquel entonces apoyaba editorialmente aunque sin compromiso político al partido laborista inglés.

¿A 25 años de Malvinas, qué sentimientos tenías entonces como angloargentino cuando te enteraste de que había guerra?
Nunca pensé que se pudiera llegar a un conflicto armado. Y cuando sucedió –y la frase no me pertenece, es de un amigo también angloargentino– cuando le preguntaron algo por el estilo, él respondió que se sentía como si él fuera un chico y se divorciaran sus padres. Creo que la reacción mía, desde un punto de vista personal, fue que la guerra me permitió volver a la Argentina. Tenía alguna causa pendiente y el conflicto me permitió volver, quedarme tres meses, y al año poder regresar otra vez. Yo recién regresé definitivamente en el ´94, pero a partir del ´82 venía casi todos los años. A mí me dio una tremenda alegría volver; volvía a la Argentina, volvía a ver a mis amigos. Lo interesante, lo terrible de esa guerra es que en ese momento tenía familia en las Fuerzas Armadas de los dos lados. En esa situación bastante particular, la única forma para mí de enfrentar el tema era con cinismo, con ironía; había que pasarla.

Con sentimientos encontrados; fue una manera de protegerte...
Probablemente, porque uno pertenece a las dos culturas, tiene familia en los dos lados de los combatientes. El tema de la guerra siento que no me pertenece, no soy parte; pero sin embargo sí soy parte, a las patadas. Obviamente, desde entonces he conocido cada vez más veteranos, de los dos lados. Quizá lo que se enfatiza en mi sentimiento es el absurdo de toda guerra, y la resultante política que en este caso obtuvieron los dos lados, el argentino y el inglés.

¿Qué te produjo el hecho de publicar estas crónicas 25 años después y en castellano?
Para mí era lo justo que saliera en la Argentina, yo vivo acá, hace doce años que ya estoy instalado. Yo elegí volver acá, pasé dieciocho años afuera, mis hijos más grandes que nacieron acá seguramente no van a volver, aunque ahora mi hijo mayor que vive en Moscú, que es camarógrafo de la CNN, está pensando que quiere venir cada enero a Buenos Aires. También es un sentimiento de orgullo personal que el libro esté en los dos idiomas, yo pertenezco a las dos culturas, y casi todos los libros los tengo traducidos a ambos.

 
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