Por fin, a
25 años de la Guerra de Malvinas, aquellas crónicas
se editan entre nosotros, en castellano, y se llaman Buenos
Aires, 1982, de editorial Marea. Se trata de un libro inteligente
y ácido, muy bien escrito por este acriollado periodista,
escritor (tiene más de veinte libros editados en su
haber tanto en inglés como en castellano) y poeta,
en el que cuenta cómo fueron para él aquellos
74 días entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982
en la Argentina.
Y entre los reportajes de aquellos aciagos días, precisamente
una perlita es el que mantuvo con Borges, a quien había
entrevistado tres o cuatro veces antes, y puedo establecer
interesantes analogías y fundamentalmente diferencias
en sus declaraciones de antes y después de la guerra.
Aquel poema de Borges termina diciendo: El hecho que refiero
pasó en un tiempo que no podemos entender. Entre otras
cosas, este libro aporta a eso, a tratar de entender. El encuentro
cálido para este reportaje con el colega y amigo discurrió
durante una fría tarde de este invierno en el viejo
bar Ucrania,de Azopardo y Belgrano, hoy remozado bajo el nombre
de El Clásico.
Sentí estas crónicas como muy frescas,
las leí como si hubieran sido escritas en la actualidad.
¿Son las mismas?
Sí, hasta las traduje yo; fue un hecho raro y feliz,
nunca había traducido un libro mío porque me
aburre esa tarea. Pero al precipitarse la oportunidad de publicarlas
para este aniversario redondo de Malvinas, y al comenzar a
trabajarlas, al releerlas para traducir no me aburrí;
al contrario, porque las tenía como relegadas en algún
rincón de la memoria y se me refrescó todo.
Fue revivir el Buenos Aires de esa época, mientras
acá transcurría el aniversario número
25. Muchos de los nombrados allí ya están muertos.
Reviví esos tres meses de mi vida, que para mí
fueron muy importantes porque volvía, yo estaba contento
de venir, y por ahí me hubiera quedado más,
pero todavía no estaban dadas las circunstancias. Me
alegró mucho poder publicarlas en castellano, verdaderamente
estoy muy contento con ello.
Se trata de una selección breve de crónicas
periodísticas escritas durante el conflicto. Como hombre
del oficio tuve la suerte de ser “enviado” del
diario que entonces me empleaba en Londres. The Guardian es
un matutino de tradición liberal que en aquel entonces
apoyaba editorialmente aunque sin compromiso político
al partido laborista inglés.
¿A 25 años de Malvinas, qué sentimientos
tenías entonces como angloargentino cuando te enteraste
de que había guerra?
Nunca pensé que se pudiera llegar a un conflicto armado.
Y cuando sucedió –y la frase no me pertenece,
es de un amigo también angloargentino– cuando
le preguntaron algo por el estilo, él respondió
que se sentía como si él fuera un chico y se
divorciaran sus padres. Creo que la reacción mía,
desde un punto de vista personal, fue que la guerra me permitió
volver a la Argentina. Tenía alguna causa pendiente
y el conflicto me permitió volver, quedarme tres meses,
y al año poder regresar otra vez. Yo recién
regresé definitivamente en el ´94, pero a partir
del ´82 venía casi todos los años. A mí
me dio una tremenda alegría volver; volvía a
la Argentina, volvía a ver a mis amigos. Lo interesante,
lo terrible de esa guerra es que en ese momento tenía
familia en las Fuerzas Armadas de los dos lados. En esa situación
bastante particular, la única forma para mí
de enfrentar el tema era con cinismo, con ironía; había
que pasarla.
Con sentimientos encontrados; fue una manera de protegerte...
Probablemente, porque uno pertenece a las dos culturas, tiene
familia en los dos lados de los combatientes. El tema de la
guerra siento que no me pertenece, no soy parte; pero sin
embargo sí soy parte, a las patadas. Obviamente, desde
entonces he conocido cada vez más veteranos, de los
dos lados. Quizá lo que se enfatiza en mi sentimiento
es el absurdo de toda guerra, y la resultante política
que en este caso obtuvieron los dos lados, el argentino y
el inglés.
¿Qué te produjo el hecho de publicar
estas crónicas 25 años después y en castellano?
Para mí era lo justo que saliera en la Argentina, yo
vivo acá, hace doce años que ya estoy instalado.
Yo elegí volver acá, pasé dieciocho años
afuera, mis hijos más grandes que nacieron acá
seguramente no van a volver, aunque ahora mi hijo mayor que
vive en Moscú, que es camarógrafo de la CNN,
está pensando que quiere venir cada enero a Buenos
Aires. También es un sentimiento de orgullo personal
que el libro esté en los dos idiomas, yo pertenezco
a las dos culturas, y casi todos los libros los tengo traducidos
a ambos. 
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